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El olor pestilente que atufa a Daimiel

18-06-2017

En la población pocos dudan de su procedencia y del nombre de la empresa responsable. ¿Cumple ésta con la ley ambiental? ¿Qué administración ha de velar por los ciudadanos?

El olor pestilente que atufa a Daimiel

Fotografías de Juan Julián Rodriguez Rubia

Tablasdedaimiel.com.- Daimiel protesta y se indigna. El hedor nauseabundo incrementa el sofoco de la ola de calor. Abrir las ventanas es exponerse a que el aire pestilente irrumpa en los hogares. En la población pocos dudan de su procedencia y del nombre de la empresa responsable. Basta con darse una vuelta por las redes sociales o escuchar al vecindario. Pero, ¿es posible poner coto a semejantes episodios cada vez más frecuentes? ¿Y qué administración y en base a qué ley ha de exigir responsabilidades y en consecuencia sancionar si fuese pertinente?

La ciudadanía tiene claro que el origen del olor a podrido es la balsa de residuos (a 6 kilómetros del centro de Daimiel) que la empresa Alvinesa emplea como método de reciclaje de sus vinazas. Y sobre esta factoría alcoholera se cargan las tintas en base a tres supuestos cargos por incumplimiento de la normativa ambiental: las condiciones en que se producen estos vertidos; si suponen un contaminante de las aguas subterráneas; y el mal olor.

Antecedentes

El pasado marzo el periódico Lanza publicaba las conclusiones del estudio encargado por el Ayuntamiento de Daimiel sobre la procedencia de los malos olores. El informe, realizado por la empresa Labaqua, apuntaba que el origen estaría en Alvinesa. Pero podría no ser el único impacto ambiental producido por el tratamiento de los residuos.

Las fotografías que dan la bienvenida a la web de Alvinesa, reflejan los múltiples charcos existentes en el entorno. No son elementos de la Mancha Húmeda, sino el resultado del tratamiento de las vinazas generadas por la alcoholera. Los experimentos sobre este sistema arrancan en la década de 1990. La sobreexplotación de las aguas subterráneas, eran ya una evidencia y se buscaba en el tratamiento de residuos una solución para el regadío. El estudio más importante para la zona de Daimiel fue el titulado “Descripción y resultados preliminares de una red de observación para el control de un regadío con vinazas sobre el acuífero de la llanura manchega”, publicado en la revista Geogaceta de 1990. Aquella prueba quería resolver de una vez dos problemas ambientales: el impacto sobre el acuífero de los riegos agrícolas y el reciclaje de residuos industriales.

La fabricación de alcohol conduce a la formación de un líquido residual contaminante denominado “vinazas”, cuyas principales características contaminantes son su elevado contenido de materia orgánica y la alta concentración de potasio. En el experimento publicado en 1990 se entrevió la posibilidad de utilizar las vinazas para riego con el fin de eliminar los residuos contaminantes, añadiendo el beneficio que para los pobres suelos agrícolas de la zona podía tener el riego y el elevado contenido en materia orgánica de las vinazas. Convertir los residuos en agua y fertilizante parecían una estupenda solución.

No obstante, ya en el estudio se alertaba de que este tratamiento debía hacerse siguiendo las máximas medidas de precaución, ya que podía ocasionar un serio riesgo de degradación de las aguas subterráneas y de los acuíferos. Además, advertían que eran resultados provisionales y que el proyecto debía continuar tres años más para observar las consecuencias sobre el subsuelo cuando el riego era prolongado.

El informe se hizo a demanda de una importante firma productora de alcohol, hoy Alvinesa, que quería por entonces regar una finca de 169 hectáreas sita en Daimiel. Ésta explotación industrial siempre ha tenido problemas con sus vecinos por episodios de contaminación como lo demuestra el historiador Daniel Marín que en las IV Jornadas de Historia de Daimiel relataba un conflicto entre los propietarios de la industria y vecinos en los primeros años del S.XX.

Tres décadas después

Casi 30 años después de la publicación del trabajo, aquel sistema es el elegido por Alvinesa en su nueva planta en el paraje de “El Campillo” donde se trasladó la empresa en 2015, después de una operación de deslocalización también con objetivos medioambientales. El tratamiento de las vinazas consiste en lo siguiente: los residuos son sometidos en fábrica a un tratamiento físico-químico, y conducidos por una tubería a una balsa donde se encuentra conectado un pívot para regadío por aspersión que distribuye las vinazas de forma homogénea sobre una superficie agrícola. En 1990 se regaba cebada y maíz.

Alvinesa tiene la pertinente autorización ambiental para ello: la Resolución 11/03/2010 de la Delegación Provincial de Industria, Energía y Medio Ambiente de Ciudad Real. Dicha autorización se concede tras una evaluación de impacto medioambiental, es decir, un análisis para verificar que una actividad económica está en sintonía con lo que se ha venido en llamar como “economía circular”, es decir, plantear una solución a los residuos incorporándolos al ciclo económico sin perjuicio para la salud de nuestro entorno ambiental. Bajo esta premisa el riego por vinazas parecía una excelente solución como recoge dicha resolución. Sin embargo, las cantidades permitidas distaban mucho con respecto al experimento de la década de 1990: 490 hectáreas de parcelas frente a las 169 que tenía la finca entonces. Y es que el incremento de producción y, por lo tanto, de residuos no ha parado y los sistemas de depuración no han variado.

La autorización proponía como medidas preventivas y correctoras al impacto ambiental de las vinazas controles periódicos para verificar que los vertidos no superan los 50 mg/l de nitratos. Como medidas correctoras a efectos de proteger el dominio público hidráulico y la calidad de las aguas y debido a la alta movilidad del nitrógeno en el suelo, las vinazas debían aplicarse de modo fraccionado, siguiendo el ritmo de absorción de cada cultivo, minimizando el tiempo de espera del fertilizante en el suelo para poder ser absorbido por dicho cultivo.

Además, para controlar la contaminación, en la autorización ambiental se contemplaba elaborar un estudio hidrogeológico para determinar las líneas de flujo de las aguas subterráneas e instalar piezómetros de control para extraer muestras periódicas, asegurando que la actividad no contaminaba las aguas subterráneas.

Por otro lado, dado el posible riesgo para la salud, al utilizarse las vinazas para riego de cultivos de consumo humano y por las molestias que pudieran generar las balsas, la autorización ambiental pedía “solicitar el correspondiente informe sanitario”.

 

Las redes sociales

Sin embargo, las fotografías que están siendo distribuidas por las redes sociales reflejan que no parece haber ningún tipo de cultivo regado por las vinazas y que los residuos son arrojados directamente sobre la tierra. Por lo tanto, la autorización ambiental que permitía el riego de las vinazas como fertilizante orgánico agrícola se estaría incumpliendo y podría ser motivo de denuncia, ya que aumentarían las posibilidades de contaminación por nitratos del subsuelo al no existir ninguna plantación que absorbiera la materia orgánica. A las razones para sospechar que, en la actualidad, se haya desvirtuado el sentido original que permitía la autorización ambiental, se añade la existencia de un vertedero con más volúmen de residuos a la zona y que fue denunciado por EQUO el pasado año.

En aras de buscar la tranquilidad de la población todos los estudios y controles pedidos por la autorización ambiental debieran hacerse públicos cuanto antes, así como las conclusiones de los organismos que deben velar por las aguas subterráneas. ¿Qué autoridades son las responsables: Ayuntamiento de Daimiel, Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha o Confederación Hidrográfica del Guadiana? Lo veremos en próximas fechas.

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